Desde el 2012 no volvía a
Rock Al Parque, los flojos carteles y algún viaje me alejaron del festival, al
que asistí por primera vez en 2009. Las largas cabelleras y crestas adornaban
el parque Simón Bolívar que seguía recibiéndonos supliendo la falta de
escenarios en la ciudad.
Nunca he entendido cómo
la gente elige sus pintas, y digo elige porque en la mayoría de casos es un
proceso de selección riguroso, mis amigos hacen comentarios desde los días
anteriores “el sábado me llevo la chamarra de cuero y la camiseta de Motorhead,
para el lunes mi gabán”. Veo gente que todo el año se viste muy elegante y el
fin de semana de Rock sacan de sus armarios sus perchas rockeras, que guardaron
el año pasado o quizás desde su último concierto, para encajar en la multitud,
para mostrar que llevan años escuchando esta música.
Mientras en las demás
ciudades celebraban San Pedro a ritmo de vallenato y bambuco, los capitalinos
vivíamos nuestra fiesta al son del Rock n’ roll, Metal, Punk y Grindcore. El
evento dura los tres días de un puente festivo, y cuenta con los escenarios
Plaza, Bio y Eco, nombres precarios de creatividad si los comparamos con True
Metal, Headbangers Stage o Beer Garden los escenarios de grandes festivales.
Al llegar al escenario
Eco me topé con grupo de Black Metal llamado Desolator, quise ser flexible con
mis gustos y poder apreciar este género. No lo
logre, su estruendoso y oscuro sonido fue bastante chocante, me di cuenta que mi oído perdió la costumbre.
Fue nostálgico volver,
recordé mis épocas de Metalhead en las que asistía con mi larga melena y no salía del
pogo durante todo el festival. Ahora voy con ropa no tan oscura ni rockera y aprecio
el concierto desde una posición cómoda. Este año la verdadera razón de mi regreso es
Sepultura, la banda brasilera que puso el metal sudamericano a sonar alrededor
del mundo. Hace un año los vi en Vancouver junto a Destruction, sé cómo suenan
en vivo y mis expectativas son altas al tenerlos en mi ciudad.
En el escenario Plaza
escuchamos a Perpetual Warfare, la antesala de Sepultura, un grupo de Thrash
Metal cuya música invita a una descarga de violencia con canciones como “muerto
en pogo”. Cuando terminaron nos
desplazamos lo más cerca posible al escenario para poder ver a los brasileros
escribiendo el último capítulo del primer día de Rock al Parque.
Llegamos a una posición
central adecuada para ver a los músicos
y alejada lo suficiente de la sofocante presión de la multitud. Las primeras notas de Troops of Doom
irrumpieron el descanso del intermedio, transformando todo a nuestro alrededor
en un Moshpit que por poco nos consume, era el despertar del público ante los sonidos del metal.
Poco a poco el pogo, que
alarmo a un par de chicas de nuestro grupo, se expande como un agujero negro,
es un remolino de golpes frenéticos. Recibo empujones desde atrás, me doy
cuenta que la experiencia completa, de quien entra en el moshpit, consiste en
llegar corriendo con el suficiente impulso, para penetrar la barrera de gente
que bordea el circulo y entrar en el pit impactando a quien se aparezca.
La descarga metalera
seguía su curso, venían canciones como Breed Apart,
Desperate Cry y Acttitude, el pogo era constante pero variaba en intensidad
dependiendo de la popularidad y agresividad de la canción. Cuando alguien caía
lo levantaban rápidamente, algunos se abrasaban como si fueran un trio de
borrachos e iban al ataque. Quienes estaban en la barrera de gente, que
limitaba el moshpit, funcionaban como las cuerdas de un ring de boxeo;
empujaban y golpeaban al que chocara haciéndolo rebotar y entrar de nuevo al
pit.
La canción Policia, a
pesar de ser en portugués, sonó como si fuera un himno policia para que precisa policia para quem precisa de policía, los
espectadores solo coreaban “¡Policía!” con la rabia que despierta el
significado de la canción. De repente se formó otro pogo atrás de nosotros, que
se unió con el que estaba adelante, dejándonos atrapados. Fuimos obligados
a entrar en el tornado de golpes, una
amiga entusiasta se declaró satisfecha con la experiencia.
Suena Inner Self y nos
conecta con la mejor parte del concierto, al finalizar la canción la banda
comienza a improvisar con música folclórica bastante relajante, mis amigos y yo
bailamos y disfrutamos esta tregua entre los sonidos folclóricos y metaleros de
Brasil, sabemos que tan pronto termine vendrá una descarga de Thrash con las
mejores canciones y el final del concierto.
Haber sido
metalero en Brasil en los 80’s no era algo fácil, el país salía de una
dictadura militar y conseguir disco era muy difícil. Los hermanos Cavalera
querían lucir los cinturones de balas que Destruction usaba en las caratulas de
sus albums, como fue imposible conseguirlos, optaron por pegar baterías doble A
y tomar la foto desde lejos, fue así con elementos precarios y teniendo en
cuenta el folclor brasilero que Sepultura se volvió la banda de metal más
grande en America Latina.
La descarga
de Thrash es protagonizada por la potente percusión de Territory seguida sin
pausa por el clásico Arise. De repente
los tambores de Refuse/ Resist, la canción más conocida y me atrevo a decir su
más grande exito, anuncia que este puede ser el final. Siempre me ha gustado el
video de esta canción, en el que se muestran imágenes noventeras de muchos
movimientos sociales protestando fuertemente y resistiendo la represión policial.
Refuse/
Resist es muy pertinente en cualquier parte del mundo, el público, que chiflo
cuando salieron imágenes del alcalde
Peñalosa en la pantallas, seguramente se sintió muy identificado. Los
altos niveles de corrupción del país y las violentas protestas sociales del
paro camionero nos ha mantenido intranquilos, la gente tiene mucha rabia I'm sick of this Inside the state War is created No man's land What is this
shit?!
Sepultura dedicó Under My Skin a quienes llevan tatuada a la agrupación, después dio paso a Ratamahatta y apagó las luces
aparentando un final. Los incautos de siempre comenzaron a abandonar el parque,
otros se quedaron discutiendo si el concierto había terminado o no. Yo me
preguntaba con qué canción iban a cerrar, no tenía ninguna pista pues lo mejor
de su repertorio ya había sonado.
Fue cuando Roots Bloody Roots incendio por ultima vez el escenario, un tema
que llego a contar con una versión donde Luciano Pavarotti canta, demostrando
la prodigiosidad y el impacto de Sepultura como exponente del metal. La
excelente presentación de la banda fue el plato que abrió el fin de semana y me recordó tiempos metálicos, puedo decir
que disfrute más este concierto que en el que estuve en Vancouver. Los más de
30 años de la banda, a pesar de la separación de los hermanos Cavalera,
demuestran porque son una leyenda y siguen vigentes con mucha fuerza.